“El milagro secreto” de Jorge Luis Borges

M. C. Escher - Borges - Novieùbre Nocturno

“El milagro secreto” de Jorge Luis Borges

 

La introducción y la conclusión de este relato se han elaborado incluyendo fragmentos de texto del maestro Jorge Luis Borges, de Alejandro Mar (@alepholo ‏), de Silvia Molloy (Las Letras de Borges) y el poema del maestro Victor Hugo: “Lo que dice la boca de mi sombra” 

 

¿Qué es un milagro? un Suceso extraordinario y maravilloso que no puede explicarse mediante las leyes de la naturaleza… La intervención de la providencia, o de un ser sobrenatural. ¿Acaso un milagro es creer en un propósito ético del universo, en un propósito ético para cada uno de nosotros.

 

“Basta echar un vistazo al universo para advertir que, ciertamente, no reina la justicia. Aquí me acuerdo de un verso de Almafuerte: ‘Yo derramé, con delicadas artes sobre cada reptil una caricia, no creía necesaria la justicia cuando reina el dolor por todas partes. Porque pedir justicia es pedir mucho, es pedir demasiado”.

 

Parecemos empeñados en buscarle sentido al universo. Encontrárselo sería, de todos los milagros, el último y definitivo; quizá el mas imperfecto, pues no dejaría de ser el fin de todos los caminos, terminaría de vaciar el cuenco de la duda y la esperanza, traería consigo la revelación, quizá el sosiego, puede que el hastío. “La presencia del nombre y la voz de Dios… Pero es más prudente no llamarlo Dios; si lo llamamos Dios, pensamos en un individuo. En cambio, si usamos otras palabras —quizá menos precisas, o menos vívidas— podríamos acercarnos más a la verdad; si es que ese acercamiento a la verdad es posible, cosa que también ignoramos”.

 

Escribía Alejandro Mar en uno de sus artículos que El Maestro Borges jugaba con la idea de creer, la que le permitía un continente más amplio para la imaginación. En numerosas ocasiones toma la perspectiva o al menos flirtea con la postura panteísta. Entre Schopenhauer, Spinoza y el vedanta:

 

“El mayor hechicero sería el que se embruja a sí mismo al punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería esta la verdad que duerme en nosotros?  Yo conjeturo que así es. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sinrazón para saber que es falso”.

 

La labor del escritor cobra una dimensión más rica cuando se identifica con la divinidad (o con un demiurgo), ya que escribir es también  una arquitectura de mundos, de mundos que creemos son reales, mientras leemos que la filosofía nos dice que este mundo es como un sueño que persigue la verdad. Quizá por eso el maestro Borges ocultó esta verdad en un libro, dentro de un sueño que habitaba la mente de uno de sus personajes de ficción. Quizá en las historias que nos contamos reside esa gran verdad que unos llaman Dios, o ciencia o milagro… Oculta, deseando ser revelada.

 

Dejemos operar pues a este artefacto de los titanes, la hora celestial en que todos los caminos del destino de un hombre se cruzan, por primera vez, en ese momento que lo demuestra todo. Ese instante irrepetible en el que se desarrolla nuestro propio milagro secreto.

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